CULTURA · 18 oct 2026

La sombra de la empresa: Jung, los valores y la voz colectiva

Las empresas pulen una máscara con campañas y métricas impecables. Jung nos invita a mirar la sombra: escuchar sin filtro es una práctica, no una medalla.

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Por comunidadEditorial

18 oct 2026

Hay una escena que se repite en muchas salas de juntas. Alguien proyecta una gráfica de satisfacción impecable, el equipo de comunicación presenta la nueva campaña de valores y todos asienten. Las palabras son bonitas: compromiso, cercanía, propósito. Y, sin embargo, afuera, en la fila de la sucursal, en la banqueta frente a la obra o en el grupo de WhatsApp de la colonia, la conversación es otra.

Carl Gustav Jung tenía un nombre para esa superficie pulida: la persona. La palabra viene de la máscara que usaban los actores en el teatro antiguo. Para Jung, la persona no es algo malo en sí: es el rostro que necesitamos para convivir, el papel social que nos permite funcionar. El problema empieza cuando confundimos la máscara con la cara. Cuando una persona, o una organización, se identifica por completo con su papel, pierde contacto con lo que realmente es.

La máscara y la masa

Manos sosteniendo una máscara blanca frente a un mosaico de rostros con los ojos cerrados

En The Undiscovered Self (1957, incluido en el volumen 10 de sus Obras Completas), Jung advierte sobre un riesgo doble. Por un lado, identificarse con la máscara. Por el otro, disolverse en la mentalidad de masa, donde el individuo deja de pensar por sí mismo y adopta la opinión del grupo como si fuera propia. En ambos casos sucede lo mismo: se pierde el contacto con uno mismo.

Las empresas no son personas, pero están hechas de personas y se comportan, a veces, como si tuvieran una psique. Tienen una imagen pública que cuidar, rituales, puntos ciegos. Y también pueden caer en las dos trampas: creerse su propia campaña y escuchar solo el eco de lo que ya piensan.

Individuación: el viaje hacia la totalidad

Para Jung, el gran trabajo de una vida es la individuación: el proceso de volverse quien uno es, integrando poco a poco lo que habíamos dejado fuera. En el centro de ese proceso está el Sí-mismo (el Self), que en Aion (Obras Completas, vol. 9/II) describe como el arquetipo de la totalidad psíquica, más amplio que el yo consciente. En Recuerdos, sueños, reflexiones cuenta cómo él mismo llegó a esa idea a través de su propia experiencia, dibujando mandalas que parecían ordenar algo que lo rebasaba.

Edward Edinger, en Ego and Archetype, retoma esta relación entre el yo y el Sí-mismo: el yo necesita separarse para tener identidad, pero también necesita volver a dialogar con algo más grande que él para no quedarse vacío ni inflado.

Las organizaciones viven algo parecido. Nacen con una intuición, crecen, se vuelven estructuras, y en algún punto corren el riesgo de que la estructura hable más fuerte que el sentido. Madurar, para una empresa, podría significar algo similar a individuarse: dejar de actuar solo para la foto y empezar a integrar lo que la gente realmente vive con ella.

Mandala pintado formado por casas de colores, jacarandas, puestos de mercado y una plaza con kiosco de la Ciudad de México

Los valores son energía

En Sobre la energía psíquica (Obras Completas, vol. 8), Jung propone entender la energía psíquica en términos de valor: qué tan intensamente algo carga nuestra atención, cuánto nos mueve. Y en Tipos psicológicos (vol. 6) describe el sentimiento como la función que pondera, la que decide qué vale y cuánto.

Esta idea es incómoda para el lenguaje corporativo, porque sugiere que un valor no es lo que está escrito en la pared, sino aquello que de verdad mueve energía. Un valor prestado, copiado de otra empresa o convertido en eslogan, se queda en la persona: decora, pero no mueve nada. Un valor que se pone a prueba, que cuesta algo y que se sostiene cuando nadie está viendo, se vuelve real.

¿Cómo se pone a prueba un valor? Una forma sencilla es preguntarle a la gente. No a los fans de la marca, sino a quienes la viven: clientes, vecinos, colaboradores. Y preguntar de forma que puedan responder con honestidad.

La sombra y la "nueva ética"

Todo lo que la persona no quiere ver de sí misma termina en lo que Jung llamó la sombra. No es solo lo malo; es lo negado, lo no asumido. Y lo que no asumimos, decía Jung, tendemos a proyectarlo en otros.

Erich Neumann, uno de sus discípulos más cercanos, llevó esta idea al terreno moral en Psicología profunda y nueva ética (1949). Su propuesta era cambiar el ideal de perfección por uno de totalidad: en lugar de pretender ser impecables y echar la culpa afuera, reconocer la propia sombra y hacerse cargo de ella.

Para una empresa, esa nueva ética tiene una traducción muy concreta: escuchar la retroalimentación incómoda sin maquillarla. Aceptar que el reporte que molesta puede ser el más valioso. Dejar de culpar al "cliente difícil" o al "vecino quejumbroso" y preguntarse qué parte de eso nos pertenece.

Terraza de café en una plaza colonial mexicana al atardecer, mitad bañada de luz dorada y mitad en sombra azul

Sostener la tensión: la función trascendente

En su ensayo La función trascendente (vol. 8), Jung describe lo que ocurre cuando dos posturas opuestas chocan dentro de nosotros. La tentación es elegir una y reprimir la otra. Su propuesta es distinta: sostener la tensión el tiempo suficiente para que aparezca una tercera posibilidad, algo que ninguna de las dos posturas por separado podía imaginar.

Esto también sucede en grupo. Una comunidad puede querer más vida nocturna y más silencio; una empresa puede querer crecer rápido y cuidar a su gente. Cuando las preguntas solo admiten "sí" o "no", la tensión se rompe demasiado pronto y gana el que grita más fuerte.

Por eso en Crowd Conscious cada respuesta de un Pulso va acompañada de un nivel de certeza del 1 al 10. No es un detalle técnico: es una forma de dejar espacio a la duda y a los matices. Alguien puede inclinarse por una opción con un 4 y otra persona por la contraria con un 9, y esa diferencia dice mucho. La certeza baja no es ruido; a veces es justamente el lugar donde la tercera opción está esperando.

Lo colectivo, lo anónimo, lo público

La voz colectiva tiene su propia sombra: puede volverse masa. Jung lo sabía bien. Pero también puede ser lo contrario: un espejo donde muchas voces individuales, cada una con su matiz, se suman sin perderse.

Por eso importan tres rasgos. El anonimato permite decir lo que en una junta nadie se atrevería a decir. Lo público evita que los resultados se queden en un cajón. Y que no se editen impide que la persona corporativa vuelva a colarse por la puerta de atrás. Las Señales, los reportes ciudadanos, funcionan igual: son lo que la comunidad ve, contado por ella misma.

Dos generaciones, un mismo espejo

Las empresas establecidas cargan con años de imagen construida. Tienen una persona que suavizar y una sombra que mirar de frente. Para ellas, escuchar en público puede sentirse como quitarse una armadura, y probablemente lo es.

Las startups y la nueva generación de negocios tienen otra oportunidad: pueden construir la escucha dentro de su forma de trabajar desde el primer día, en lugar de construir primero una máscara y luego intentar quitársela. Para unas y otras, unos resultados públicos, anónimos y sin editar no son una medalla. Son una práctica: la de mirarse con honestidad, una y otra vez.

Una advertencia necesaria

James Hillman, que vino después de Jung y discutió con él, advertía que perseguir la "totalidad" con demasiado empeño puede convertirse en otro proyecto del yo: una nueva forma de perfeccionismo, otra máscara, esta vez espiritual. Vale la pena tomarlo en serio. Ninguna herramienta vuelve "consciente" a una empresa. Ninguna encuesta sustituye la conversación. Escuchar no es un trofeo; es un hábito, a veces torpe, que se vuelve a empezar cada semana.

Tal vez por eso tiene sentido que el reconocimiento llegue después del hábito y no antes. En Crowd Conscious existe Lugar Consciente, un sello gratuito que se gana escuchando y comprometiéndose: cuatro semanas distribuyendo Pulsos y la firma de siete compromisos (Escucha, Transparencia, Acción, Cuidado del entorno, Comunidad local, Inclusión y Difusión). El Sello verificado, de pago, es otra cosa. Pero ninguno de los dos es el punto. El punto es lo que pasa cuando dejas de hablar y empiezas a oír.

Para cerrar

Jung pensaba que el cambio en el mundo empieza en el individuo que se atreve a mirarse. Quizá con las empresas pase algo parecido: el cambio empieza el día en que alguien decide preguntar y está dispuesto a escuchar la respuesta, aunque no le guste.

Así que te dejo la pregunta que Jung probablemente le haría a cualquier organización: si tu comunidad pudiera hablarte sin miedo y sin filtro, ¿qué crees que te diría, y estarías listo para escucharlo?

Escucha a tu comunidad: lanza un Pulso o vota en uno en crowdconscious.app.

Para leer más

  • C. G. Jung, Aion: Researches into the Phenomenology of the Self, Obras Completas vol. 9/II — Princeton University Press
  • C. G. Jung, Two Essays in Analytical Psychology, Obras Completas vol. 7 — Princeton University Press
  • C. G. Jung, The Structure and Dynamics of the Psyche (incluye "On Psychic Energy" y "The Transcendent Function"), Obras Completas vol. 8 — Princeton University Press
  • Erich Neumann, Psicología profunda y nueva ética (1949)
  • Edward F. Edinger, Ego and Archetype

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